Tengo un amigo que se ha exiliado del mundo.
Y me da mucha rabia.
Y no sé por qué.
Entre otras cosas porque ni siquiera sé si le puedo llamar amigo. Es de estas personas que conoces por ser amigo de otro, y nunca tienes claro si alguna vez ha pasado a la categoría de amigo propio. Donde sí que está es en ese catálogo de recuerdos que tiene tantas noches de cine, tantos ecos de pasos envueltos de comentarios de pelis, tantos momentos en cafés medio vacíos, hablando. O más bien escuchándole hablar. Oyéndole reír.
Y me da rabia.
Y tampoco es porque el exilio sea mal lugar. Simplemente es un lugar. Como tantos otros. Lo sé porque he estado allí. Allí voy y de allí vuelvo en mis tantos períodos de pegarme con el mundo, que de tan largos, es difícil decir qué es la norma y qué la excepción.
Pero me da rabia. Y creo que esa rabia es porque siento que ése, precisamente ése, no es su lugar.
Dice el manuscrito:
"La vida es como un borracho cogido a nuestro brazo:
anda a tumbos y nos empuja a donde no queremos ir".
anda a tumbos y nos empuja a donde no queremos ir".
El Manuscrito Carmesí
Antonio Gala
Antonio Gala
puto borracho...
ResponderEliminarrabia compartida, punto de impotencia, punto de incomprensión, como que crees entender pero no. y sobre todo, fíjate, cariño. supongo que esto es a última hora lo que nos hace seguir hablando de él. al tiempo cariño por él y por esas cosas tan humanas suyas, tan terriblemente ingenuas a veces.
y esperar a ver qué hace, a ver qué es lo que encuentre.
espero que mi borracho al brazo se vuelva a cruzar con el suyo y me deje saber cómo le va.
besos desde berlín, aunque ahora no esté allí.