A nada que me ponga a manejar un poco las estadísticas, saldrá que escribo mucho los últimos días de mes. Es el síndrome de querer aprovechar el tiempo perdido, querer hacer en el último minuto lo que no he sido capaz de hacer en todo el día, en todo el mes, en todo el año.
Este año también escribo el 31, pero no voy a correr a recibir al año nuevo. Será la pereza, la edad o la experiencia, quién sabe. O que, como los clásicos a cumplir en la vida, hay una serie de cosas que uno tiene que probar estando solo.
Sólo eso.