domingo, 29 de enero de 2012

No es país para viejos

Si algo sacamos en limpio del año pasado, es que en los que vienen, queda mucho por cambiar.

Mira que es complejo reformar las estructuras establecidas, pero más arduo aún es dejar atrás las formas de pensar.

Lo digo yo, que vivo en un país donde los descuentos son para estudiantes menores de 25 años. Porque hasta los 25 está permitido elegir entre estudiar y trabajar. Porque desde los 25 no está permitido estudiar sin trabajar.

Y me pregunto, ¿de dónde se pagan los estudios de los de menos de 25 que no trabajan? ¿Dónde trabajan los de más de 25 que estudian? Todo esto, claro, en un país que quiere hacer sentirse culpable a todo aquel desempleado que se convierte en parado porque no se dedica a la formación.

Tras 40 años del lastre de 40 años de caridad, seguimos confundiendo compasión con derecho. Lo único que ha variado es la edad a la está bien visto merecer limosna.