El otro día me compré unos vaqueros por cuatro euros. Me recordó a mis tiempos de charities en el Reino Unido.
Claro que la impresión terminó en cuanto una mujer, de esas a las que aquí se llaman señora, corría la cortina del probador a la vez que preguntaba: "Leticia, ¿estás ahí?".
El hecho en cuestión me provocó una terrible angustia existencial, un dilema irresoluble. Este es:
Claro que la impresión terminó en cuanto una mujer, de esas a las que aquí se llaman señora, corría la cortina del probador a la vez que preguntaba: "Leticia, ¿estás ahí?".
El hecho en cuestión me provocó una terrible angustia existencial, un dilema irresoluble. Este es:
- si se va a utilizar el método ensayo-error, ¿para qué la pregunta?
- si se va a proceder a través de un proceso interrogatorio, ¿por qué actuar mediante prueba directa y correr la cortina? ¿Por qué no esperar a una respuesta? Lo que me lleva de nuevo a: ¿para qué la pregunta?
Esto me pasa por intentar desentrañar la lógica de la mente castellana.
Huelga decir que no pude resolver la duda, y para recuperar mi momento charity, no me quedó otra que ir a comprarme un bote bien grande de mantequilla de cacahuete... crunchy, of course.
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