Si lo piensas, en el fondo todos somos como cajitas de música.
Una
melodía encerrada en un cuerpo, esperando que de entre las manos sordas
que solo ven la caja, haya una que pueda escuchar.
Igual
que la caja y la música son de naturaleza diferente, nosotros nos vemos
encerrados en un cuerpo al que tenemos que tolerar comportamientos que
nos son ajenos.
A veces, suda sin aviso.
Y sin aviso, a veces, llora.
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