viernes, 24 de septiembre de 2010

La batalla de Flandes

Cienes de pestanias abiertas, haciendo un analisis de la prevision meteorologica con la informacion de museos. Dura vida esta del turista.

Y curioso pais este, con dos idiomas, dos culturas, dos historias, que al cabo viene siendo la misma. Curioso como han podido estar tanto tiempo juntos, y curioso como, despues de tanto tiempo, se plantean dejar de estarlo. Parece un dragon de dos cabezas intentando devorar la una a la otra.

Paseando por esta constante dualidad, en la que un idioma no es una forma de hablar sino de dejar claro que uno no es de aquel otro grupo, aun a expensas de no hacerse entender, en la que de los balcones todavia cuelgan banderas de Espania, que para eso gana-mos (-ron?) el mundial, en la que las dependientas de las tiendas tienen aspecto oriental, en la que por cualquier rincon se ven carteles en todos los idiomas, me dio por pensar que la nacionalidad viene a ser como la religion, una necesidad que todo grupo se crea para no afrontar que esta solo en el universo.

Estaria bien, se me ocurre, que se pudiese diferenciar valores humanos de religion, como estaria bien separar idioma y cultura de nacionalidad.

Doy fe (si, si, utilizo la expresion con toda intencion) de que se puede vivir sin religion sin que a uno le de por empezar a matar al vecino.

Estoy convencida de que se ha de poder vivir sin nacionalidad sin que por ello uno se olvide de donde viene ni del idioma en que aprendio a hablar.


(aqui va una foto de la plaza de espania en bru, pero no encuentro ninguna y se me va el dia. otro rato la pongo)

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