Este finde he tenido boda. Lo bueno es que ya ha pasado. Ya el regalo me ha dejado tiesa, así que ni hablar de gastos colaterales: fondo de armario y remedios tradicionales, entre los que está el dormir con rulos. Lo que tiene uno que hacer para ahorrar peluquería. Y eso que ha sido una noche. No me puedo ni imaginar lo que sería pegarte con unos tubos por sistema.
En fin. Después de la boda hubo cañitas. Colaterales, también. Y allí estábamos en un garito, tomando unas birritas con una canción de Police de fondo. Y a esto, mi prima y su novio, dieciocho y veinte respectivas primaveras, al vernos a todos tararear, preguntan que quién canta. Y resulta que no saben quién es Police. Ni Sting. Y el Every breath you take les suena de un anuncio de la tele. No conocen a Dire Straits. Ni a Mark Knopfler. Y Queen puede dar gracias por haber cantado el We will rock you, pero para de contar... o de cantar. Y de repente, la pesadilla de los rulos y Queen hicieron saltar la inevitable asociación de ideas.
Es curioso.
Recuerdo haber cantado esta canción a grito pelado en medio de un pinar con un puñado de compañeros de clase, a esa edad en la que no se sabe de la misa la media y la media que se sabe no se entiende nada, y en la que desesperaba todo porque todo se intentaba comprender. Pero era como que la canción se hubiera hecho justamente para nosotros, incomprendidos y atrapados como nos sentíamos.
Es curioso.
Me la vuelvo a encontrar a esta edad en la que se ha oído ya de la misa la otra mitad y se entiende solo un poco, y en la que desespera todo porque si algo se sabe es que ni siquiera importa comprender. Y es como si esta canción se hubiera hecho justamente para nosotros, incomprendidos y atrapados como nos sentimos.
Es curioso.
Me sigue haciendo sonreír. Ahora más, claro. Ahora que sé lo que se cuece dentro de los hogares británicos, que parece que esta canción, y esta va a ser que sí, se hubiera hecho justamente para ellos, incomprendidos y atrapados... como no (¿?) se sienten.
Es curioso.
Lo que da de sí una boda.
En fin. Después de la boda hubo cañitas. Colaterales, también. Y allí estábamos en un garito, tomando unas birritas con una canción de Police de fondo. Y a esto, mi prima y su novio, dieciocho y veinte respectivas primaveras, al vernos a todos tararear, preguntan que quién canta. Y resulta que no saben quién es Police. Ni Sting. Y el Every breath you take les suena de un anuncio de la tele. No conocen a Dire Straits. Ni a Mark Knopfler. Y Queen puede dar gracias por haber cantado el We will rock you, pero para de contar... o de cantar. Y de repente, la pesadilla de los rulos y Queen hicieron saltar la inevitable asociación de ideas.
Es curioso.
Recuerdo haber cantado esta canción a grito pelado en medio de un pinar con un puñado de compañeros de clase, a esa edad en la que no se sabe de la misa la media y la media que se sabe no se entiende nada, y en la que desesperaba todo porque todo se intentaba comprender. Pero era como que la canción se hubiera hecho justamente para nosotros, incomprendidos y atrapados como nos sentíamos.
Es curioso.
Me la vuelvo a encontrar a esta edad en la que se ha oído ya de la misa la otra mitad y se entiende solo un poco, y en la que desespera todo porque si algo se sabe es que ni siquiera importa comprender. Y es como si esta canción se hubiera hecho justamente para nosotros, incomprendidos y atrapados como nos sentimos.
Es curioso.
Me sigue haciendo sonreír. Ahora más, claro. Ahora que sé lo que se cuece dentro de los hogares británicos, que parece que esta canción, y esta va a ser que sí, se hubiera hecho justamente para ellos, incomprendidos y atrapados... como no (¿?) se sienten.
Es curioso.
Lo que da de sí una boda.
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